
- El violonchelo de Yo-Yo Ma se ha convertido en un símbolo del diálogo entre culturas, del barroco a las músicas del mundo.
- El músico toca principalmente dos instrumentos míticos: el Montagnana «Petunia» de 1733 y el Stradivarius «Davidov» de 1712.
- Sus tres grabaciones de las Suites para violonchelo solo de Bach y su Silk Road Ensemble ilustran una carrera sin fronteras.
- Su trayectoria nos recuerda una verdad sencilla: es el gesto del músico, más que el precio del instrumento, lo que hace cantar al violonchelo.
Hay un nombre que surge inevitablemente cuando se habla de violonchelo: Yo-Yo Ma. El violonchelo de Yo-Yo Ma no es un instrumento de música clásica más entre tantos, es una especie de pasaporte. Del barroco de Bach a las músicas tradicionales de Asia Central, pasando por el tango argentino y las bandas sonoras de Hollywood, pocas veces se ha visto a un artista cruzar tantas fronteras con cuatro cuerdas y un arco. Un repaso a la trayectoria de un músico que transformó un instrumento a veces considerado austero en un verdadero puente entre los pueblos, y a lo que su historia puede enseñarte a ti, que quizás todavía dudas si lanzarte.
Yo-Yo Ma: un violonchelo al servicio del diálogo entre culturas
Nacido en París el 7 de octubre de 1955 de padres chinos, Yo-Yo Ma creció entre varios mundos, y eso se escucha. Niño prodigio, comenzó a estudiar el violonchelo a los cuatro años con su padre, antes de mudarse a Nueva York y formarse en la prestigiosa Juilliard School y después en la Universidad de Harvard. Esta doble cultura, musical y geográfica, marcaría toda su manera de entender la música: para él, el instrumento nunca es un fin en sí mismo, sino un medio para unir a las personas.
Allí donde muchos virtuosos se habrían refugiado en el gran repertorio clásico, el chelista eligió el camino contrario. Toca a Bach, claro, pero también el tango de Astor Piazzolla, las músicas de cine de Ennio Morricone, estándares de bluegrass americano o melodías mongolas. Esta curiosidad insaciable explica por qué el violonchelo de Yo-Yo Ma resulta hoy tan familiar tanto para los amantes de la clásica como para el gran público.
El violonchelo se sujeta entre las piernas, apoyado en el suelo sobre su pica (la varilla metálica regulable). Su registro cubre una tesitura muy cercana a la voz humana, una de las razones por las que se dice que es tan «expresivo» y emotivo.
El «Petunia» y el «Davidov»: los violonchelos de Yo-Yo Ma
Todo gran solista tiene una historia de amor con sus instrumentos, y el violonchelo de Yo-Yo Ma no es una excepción. El músico toca principalmente dos piezas de museo. La primera es un Domenico Montagnana de 1733, al que cariñosamente llaman «Petunia», apodo que le puso una joven estudiante durante una masterclass. Este instrumento veneciano, valorado en aproximadamente 2,5 millones de dólares en 2005, posee un timbre cálido y amadeirado que Ma aprecia especialmente.
La segunda leyenda es el Stradivarius «Davidov» de 1712, salido de las manos de Antonio Stradivari en Cremona. Antes de llegar a manos de Yo-Yo Ma, este violonchelo excepcional había pertenecido a la gran Jacqueline du Pré. Dos estéticas, dos personalidades sonoras: donde el Montagnana envuelve, el Stradivarius proyecta con una claridad contundente. Elegir uno u otro según el repertorio ya es en sí un acto de interpretación.
Una anécdota que dice mucho sobre el valor de estos instrumentos: en 1999, Yo-Yo Ma olvidó su violonchelo en el maletero de un taxi en Nueva York. Se armó un revuelo por toda la ciudad… hasta que el instrumento apareció intacto unas horas después. Algo capaz de quitarle el sueño a cualquier chelista.
- Montagnana «Petunia» (1733): sonido redondo y cálido, ideal para el lirismo y las músicas del mundo.
- Stradivarius «Davidov» (1712): proyección y brillantez, perfecto para las grandes salas de concierto.
- Un violonchelo eléctrico para los proyectos híbridos y los escenarios amplificados, cuando lo acústico ya no basta.
Un instrumento carísimo no hace al músico. Con un buen violonchelo de estudio 4/4 como el Stentor C1102, bien ajustado y con las cuerdas correctas, un principiante progresa infinitamente más rápido que con un instrumento de gama alta mal mantenido. La constancia en el trabajo vale más que el material.
De las Suites de Bach a la Silk Road: trascender las fronteras musicales
Si hay una obra que encarna el vínculo entre Yo-Yo Ma y su instrumento, son las seis Suites para violonchelo solo de Johann Sebastian Bach. Estas partituras, entre las primeras que aprendió de niño, las ha grabado tres veces a lo largo de su carrera —un regreso constante, como quien vuelve a un texto fundacional para descubrir cada vez algo nuevo. En 2018 se lanzó incluso en una gira extraordinaria: tocar la integral de las Suites en una sola velada, en 36 lugares de todo el mundo.
Pero reducir al músico a Bach sería perderse lo esencial. En 1998 fundó el Silk Road Project y después el Silk Road Ensemble, un colectivo que reúne a músicos de todo el mundo en torno a las rutas comerciales que antaño unían China con Occidente. El álbum Sing Me Home le valió uno de sus numerosos Grammy —lleva más de una veintena, para más de 90 álbumes grabados—. Difícil encontrar mejor ejemplo de un instrumento clásico al servicio de una música sin fronteras.
Esta apertura también hizo que el violonchelo resultara deseable para un público que jamás le habría prestado atención. ¿Cuántas vocaciones nacieron al escuchar a Yo-Yo Ma en la banda sonora de una película o en una ceremonia internacional? Verle pasar del grave más profundo a un canto casi vocal da ganas de coger el arco, y es exactamente ahí donde empieza una aventura musical.
Lo que el violonchelo de Yo-Yo Ma nos enseña sobre la elección de un instrumento
Seamos honestos: nadie empieza tocando un Stradivarius. Pero la historia del violonchelo de Yo-Yo Ma encierra lecciones muy concretas para quien quiera iniciarse. La primera es que el instrumento adecuado es el que se adapta a tu nivel y a tu proyecto, no necesariamente el más caro. Para empezar o retomar el instrumento, un violonchelo acústico 4/4 de construcción sólida, bien ajustado por un luthier, cumple perfectamente su función.
La segunda lección es la importancia de atreverse a salir de los caminos trillados. ¿Quieres explorar la música amplificada, tocar en grupo o grabar sin problemas de retroalimentación? Los violonchelos eléctricos, como el Yamaha Silent SVC300F, abren territorios que Bach nunca habría imaginado. Ese es el espíritu Yo-Yo Ma: tomar un instrumento centenario y llevarlo adonde nadie lo espera.
Por último, no olvides que el violonchelo es, por naturaleza, un instrumento de diálogo. Florece en los conjuntos, del dúo a la gran orquesta. Si la aventura colectiva te llama, echa un vistazo al conjunto de instrumentos del cuarteto de cuerda: violines, violas, violonchelos y contrabajos comparten la misma familia y la misma magia del arco.
Un instrumento-pasaporte al alcance de todos
En el fondo, la lección más hermosa de Yo-Yo Ma se resume en una idea: la música no tiene fronteras, y el violonchelo tampoco. Lleve la firma de Montagnana, Stradivari o salga de un taller contemporáneo, el instrumento solo vale por lo que se le hace decir. Su historia demuestra que se puede pasar de Bach a las músicas del mundo sin renunciar a lo que uno es —basta con escuchar, compartir y atreverse. ¿Listo para dejar hablar a tu arco?

