
- Dominic Howard es el batería y cofundador de Muse, junto a Matthew Bellamy y Christopher Wolstenholme, originarios de Teignmouth, en Devon.
- Zurdo, toca con un kit invertido que ha moldeado su sello rítmico, a medio camino entre la potencia del rock y una precisión casi electrónica.
- Su equipo ha evolucionado desde la Tama Starclassic Maple hasta los kits DW Collector’s Series, con todo un arsenal de platillos Zildjian.
- Su groove mezcla golpe orgánico y triggers Roland, un enfoque híbrido que inspira a toda una generación de baterías.
Detrás de las capas de sintetizador y los solos estratosféricos de Muse, hay un golpe que sostiene todo el edificio. Hemos pasado horas desmenuzando sus partes, baquetas en mano, y algo salta al oído de inmediato: este tío nunca toca para lucirse. Sirve a la canción y luego explota en el momento justo. Repasamos la trayectoria, el estilo y el equipo de uno de los pilares más discretos, y más esenciales, del rock contemporáneo.
Dominic Howard, de Teignmouth a los escenarios del mundo entero
Nacido el 7 de diciembre de 1977 en Stockport, Dominic Howard crece en Teignmouth, una pequeña ciudad costera de Devon. El flechazo llega a los 11 años: un grupo de jazz actúa en su colegio y su fascinación por la batería ya no lo abandonará. Nada de un enamoramiento teórico: es el swing, la energía bruta de un batería en acción lo que lo atrapa.
Adolescente, encadena formaciones improvisadas: Carnage Mayhem, luego Gothic Plague y después los Rocket Baby Dolls. Es ahí donde se cruza con un tal Matthew Bellamy. En marzo de 1994, el trío, completado por el bajista Christopher Wolstenholme, adopta por fin el nombre que lo va a cambiar todo: Muse. Tres chavales de provincias, un garaje y la ambición de sonar más grandes que la vida misma.
Treinta años más tarde, Muse llena estadios y colecciona galardones. Y en medio de ese estruendo orquestal, Dominic Howard sigue siendo el metrónomo humano que impide que el barco zozobre. Sobre el escenario es también el alma del grupo, el que distiende el ambiente entre dos temas de estructuras, sin embargo, milimétricas.
Dominic Howard es zurdo y toca con una batería totalmente invertida: el bombo accionado con el pie izquierdo, los toms reorganizados en espejo. Este detalle lo cambia todo a la hora de leer sus partes: sus enlaces de toms «descienden» visualmente en el sentido equivocado para un diestro que intente reproducirlos.
Un estilo de toque: la potencia al servicio de la canción
Lo que más impacta de Dom Howard es su contención. Donde otros baterías de estadio ahogarían los temas bajo los fills, él coloca grooves sólidos y deja respirar la música. Escucha la intro de Hysteria: la línea de bajo se lleva el protagonismo, pero son su charles cerrado y su bombo implacable los que marcan el tempo nervioso del tema.
Luego llega el momento en que suelta los caballos. En Stockholm Syndrome o Knights of Cydonia, sus breaks sincopados y sus redobles de toms graves convierten la canción en una cabalgada. Esa capacidad de pasar del minimalismo a la furia, sin perder nunca el hilo, es su verdadero sello.
Howard asume además un enfoque híbrido, casi electrónico. Desde hace años integra triggers Roland y un sampler SPD-S en su set acústico. ¿El resultado? Sonidos sintéticos disparados en directo, ajustados al milímetro a las secuencias de Muse. Es esa fusión entre golpe orgánico y electrónica la que hace que el directo del grupo sea tan imponente como sus discos. En 2022, para Will of the People, incluso volvió a sacar el doble pedal para densificar aún más el conjunto.
- Influencias confesas: Dave Grohl por la potencia rock, Buddy Rich por la ciencia de la colocación.
- Sello distintivo: grooves depurados que estallan en fills milimétrados en el estribillo.
- Enfoque en directo: un set acústico ampliado con pads y triggers para reproducir las texturas de estudio.
Para apropiarte del groove de Howard sin copiarlo nota por nota, trabaja primero la regularidad de tu charles a tempo lento y luego añade las aperturas. Son los matices del charles, no los fills, los que aportan ese carácter nervioso y limpio a los temas de Muse.
El equipo de Dominic Howard: DW, Tama y platillos Zildjian
Hablemos de gear, porque a menudo es ahí donde arranca la pasión. En los inicios de Muse, Dominic Howard golpea sobre una Tama Starclassic Maple, una batería de arce reputada por su calidez y su grano. Con el éxito, da el salto a DW (Drum Workshop) y sus baterías acústicas de gama alta, cuyos acabados a veces diseña él mismo.
Para la gira de The 2nd Law, su kit DW lucía un espectacular acabado Custom Spiral Glitter: un bombo de 22″×20″, una caja de 14″×6,5″ Collector’s Series, un tom de 12″×10″ y una cascada de toms graves (15″, 16″ y 18″). Suficiente para cubrir un espectro enorme, del punch seco a los graves cavernosos. Si la caja es el corazón del sonido, esos toms son sus pulmones.
En cuanto a los platillos, Howard es fiel a Zildjian. En su set encontramos hi-hats K Custom Special Dry de 14″, crashes A y K Custom de 18″ y 19″, un ride K Custom Medium de 22″ y algunas piezas FX (China Trash, splashes) para los colores más agresivos. Esta paleta explica la riqueza de texturas que se oye en el escenario, del crash chasqueante a la china que escupe.
A los pies se apoya en un DW9000, una de las referencias en materia de pedales de bombo, acompañado de un pedal de charles a juego. El resto, soportes de platillos, soportes de toms, racks, corresponde a un hardware robusto, hecho para aguantar las giras de estadios sin pestañear. Nada superfluo: material fiable, montado para durar.
No hace falta un kit de estadio para apuntar a ese sonido. Una batería de arce de gama de entrada o media, una buena caja y dos o tres platillos bien elegidos bastan para empezar a profundizar en el estilo. Lo esencial es contar con un set estable y bien afinado antes de apilar piezas.
Lo que los baterías pueden aprender de Dom Howard
La lección de Howard cabe en una frase: la técnica solo vale si sirve al tema. Puedes tener el doble bombo más rápido del barrio, pero nunca sustituirá a un groove que haga moverse a la sala. Dom ha construido su reputación sobre ese equilibrio, ese tira y afloja entre la sobriedad y el desahogo.
Otra enseñanza: no congeles nunca tu set. Howard ha hecho evolucionar su equipo a lo largo de los discos, integrando la electrónica sin renegar de lo acústico. Para un batería que empieza, esto significa algo sencillo: arranca con lo esencial y luego haz crecer tu kit según tu música. Un bombo que chasquee, una caja que responda, un charles regular: lo demás vendrá después.
Y luego está la actitud. Discreto en las entrevistas, explosivo tras los tambores, Dominic Howard recuerda que un batería no necesita estar en el centro de los focos para ser imprescindible. Lleva treinta años sosteniendo a Muse a pulso. Quizá sea eso, al fin y al cabo, la verdadera definición de una leyenda de la batería.
En resumen
De Teignmouth a los mayores escenarios del mundo, Dominic Howard ha trazado un camino ejemplar: el de un batería que prioriza el servicio a la canción frente a la demostración. Su golpe zurdo invertido, su matrimonio entre acústico y triggers, su equipo DW y Zildjian hecho para el escenario, todo contribuye a un sonido reconocible de inmediato. Si su trayectoria te da ganas de instalarte tras un kit, el material está a un solo clic. El groove, en cambio, se trabaja. Y menos mal que es así.

