Squier, la submarca de Fender, ha escuchado nuestras súplicas: reeditan el excelente modelo ’51, cuya existencia no ha sido precisamente un camino de rosas. Con esta ocasión, os proponemos un pequeño retrato de la bestia.

Squier fue originalmente una marca de cuerdas adquirida por Fender para equipar sus guitarras. Más tarde, cuando la marca estadounidense buscaba un nombre para lanzar sus gamas japonesas, rescataron esa etiqueta olvidada. Así, desde 1982, las guitarras con el sello Squier son versiones económicas de los grandes clásicos californianos. Con el tiempo, Squier desarrolló una personalidad propia, más joven y abierta al cambio, lo que les permitió ofrecer algunos modelos originales muy logrados. La historia de la ’51 comienza en 2004. Shut Up de los Black Eyed Peas estaba entonces en lo más alto de las listas, pero eso no tiene nada que ver con nuestro tema.
Un bebé hermoso
Squier lanza este modelo que, a primera vista, parece el resultado del cruce entre una Telecaster por su pala y una Stratocaster por su cuerpo. El puente es fijo con seis selletas, al estilo Strat hardtail, pero lo que realmente marca la diferencia son el golpeador y la placa de controles, ambos tomados de la primera versión de la Precision Bass. Este venerable modelo, apodado Telecaster Bass cuando fue reeditado por primera vez en los años 70, fue el primer bajo eléctrico de la historia y tenía un aspecto bastante distinto a la segunda versión de la Precision, más conocida por el gran público. La primera Precision fue utilizada, entre otros, por Sting y Dusty Hill de ZZ Top, y apareció en 1951: de ese año proviene el nombre de la Squier ’51.
¡Es una Squier!

El mástil era cómodo, la configuración de pastillas muy interesante (una humbucker splittable mediante push/pull en el puente y una single coil en el mástil) y los colores disponibles eran sobrios pero bien escogidos (sunburst, blonde, negro): la ’51 se convirtió así en un instrumento de culto. No fue un éxito de ventas arrollador, pero muchos guitarristas en busca de una base sólida para modificar (cambio de pastillas, de puente, etc.) comprendieron su encanto particular. Y una vez superada la sorpresa inicial, hay que reconocer que su estética es un excelente ejemplo de cómo crear un diseño original respetando al mismo tiempo los códigos visuales de una marca con más de sesenta años de historia. El modelo dejó de fabricarse en 2006, pero su reputación siguió creciendo y, hoy en día, las Squier ’51 de segunda mano pueden costar hasta tres veces más que nuevas.
Ah no, en realidad es una Fender.
En 2011, Fender presentó una nueva serie, Pawn Shop, cuyo principio era rendir homenaje a las guitarras híbridas o de origen mixto. Entre los tres primeros modelos lanzados estaba de nuevo la ’51. Aparte del logo Fender en la pala, era idéntica a su hermana pequeña. Disponible en blonde o en negro, no tenía el encanto lúdico de la Squier debido a un precio nada comparable. El éxito siguió sin llegar y, aunque todavía aparece en algunos distribuidores, el modelo está destinado a desaparecer poco a poco.

Ah, pues sí, finalmente es una Squier.
¡Pero la versión Squier resiste! En 2013, casi una década después de su primera vida, volvió dentro de la gama Vintage Modified, que representa actualmente una de las mejores relaciones calidad-precio del mercado. La gran noticia es que no cambiaron nada de lo que hacía especial al modelo original. Es idéntica a la anterior, disponible en tres colores: sunburst, vintage blonde (un blonde más claro, casi blanco) y sobre todo candy apple red, el color más sexy de Fender, que combina a la perfección con la ’51. Y a 299 euros, ya sabéis lo que os queda por hacer…
¡Hagan sus apuestas!
En cuanto al futuro de la ’51, ¡las apuestas están abiertas! ¿Se integrará de manera duradera en la gama Squier y alcanzará por fin el estatus de modelo clásico que merece plenamente? ¿Para cuándo una American Vintage ’51 a 2000 euros? ¿O incluso una reedición Custom Shop del modelo de 2004 por 4000 euros? Sería una gran revancha para este segundo papel absolutamente brillante.

