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Phil Collins y su batería: el hombre que inventó el sonido de los años 80

Lo que tienes que recordar
  • El sonido de batería de Phil Collins se basa en la gated reverb (reverb cortada en seco), nacida de un accidente de estudio con Peter Gabriel y el productor Hugh Padgham.
  • El fill de «In the Air Tonight» (1981) es uno de los breaks más reconocibles de la historia, improvisado en una sola toma.
  • Collins tocaba unos toms de un solo parche (concert toms) Gretsch, siendo zurdo, con una caja piccolo Noble & Cooley.
  • Su receta: compresión fuerte + noise gate rápido en una consola SSL 4000, sin platillos para preservar el ataque.

Lee este título en voz alta: «In the Air Tonight». Listo, ya está. Acabas de escuchar el break en tu cabeza, esos toms que caen en cascada después de cuatro minutos de calma engañosa. Impresionante, ¿verdad? Ningún otro fill de batería desencadena un reflejo tan instantáneo, y no es casualidad. Detrás de esos pocos segundos se esconde una revolución sonora nacida por accidente, que Phil Collins convirtió en la firma de toda una generación. Te explicamos cómo un fallo de consola y un kit de toms de un solo parche acabaron redefiniendo el sonido de los años 80.

El accidente de estudio que lo cambió todo

Todo empieza en 1980, no en un disco de Collins, sino en el tercer álbum en solitario de Peter Gabriel. Hugh Padgham, un joven ingeniero de sonido, está colocando la batería cuando pulsa por error el circuito de reverse talkback (el micro de escucha del estudio) de la consola SSL 4000. Ese micro estaba muy comprimido y equipado con un noise gate, una puerta que corta el sonido en cuanto baja de cierto umbral.

¿El resultado? Un sonido de batería enorme, contundente, que desaparece de golpe en lugar de resonar de forma natural. Padgham cuenta que el ruido que salió de los monitores literalmente paralizó la sala. Gabriel, que estaba presente ese día, entendió enseguida que tenía algo entre manos. La gated reverb (reverb «gateada», cortada en seco por la puerta) acababa de nacer por casualidad.

Bueno es saberlo

Un noise gate funciona como el portero de una discoteca: deja pasar el sonido fuerte (el golpe) y cierra la puerta en cuanto baja el volumen (la cola de reverb). Es ese corte brusco el que da ese efecto «grande pero seco», imposible de conseguir con una reverb clásica que se apaga poco a poco.

«In the Air Tonight»: cuatro segundos de leyenda

En enero de 1981, Collins publica su primer álbum en solitario, Face Value. El tema de apertura, «In the Air Tonight», está escrito desde el dolor de su divorcio. Durante casi cuatro minutos flotamos sobre capas de teclado y una caja de ritmos sutil. Y entonces cae el break. Y ahí, es el apocalipsis controlado.

¿Lo más alucinante? Ese fill no estaba previsto. Collins lo improvisó en el estudio, en una sola toma: unos cuantos golpes de bombo, una caída sobre los toms, y listo. Preguntado años después, explicó que no se planteó cuál sería el «mejor» fill, simplemente lo tocó. Cuatro segundos que hoy son, sin duda, el break de batería más reconocible jamás grabado, retomado en «Stan» de Eminem e incluso parodiado por Mike Tyson en Resacón en Las Vegas.

Pro Tips

Detalle clave del estudio: Gabriel había prohibido los platillos durante la grabación. ¿Por qué? Porque gatear un platillo equivale a conseguir un ruido de cubo de basura metálico que se lo come todo. Para tener las dos cosas (platillos + toms gateados), había que grabarlos por separado en overdub. Una lección que sigue valiendo hoy cuando trabajas tus tambores en la mezcla.

El material: toms de un solo parche y un juego de zurdo

Antes de su carrera en solitario, Collins pasó casi una década detrás de los tambores de Genesis, primero como simple batería y después como cantante tras la marcha de Peter Gabriel. Eso dice mucho de hasta qué punto conocía su instrumento al dedillo: groove milimétrico, juego de toms fluido, sentido de la colocación heredado del jazz y del prog rock más exigente. Así que cuando arranca su carrera en solitario, lo hace con un bagaje técnico enorme y un oído ya curtido en la experimentación de estudio. Ese contexto explica por qué supo, en una fracción de segundo, transformar un fallo de consola en un gesto artístico.

El sonido Collins no es solo una cuestión de consola. También es una elección de instrumentos muy concreta. Tras un paréntesis con Pearl en 1982-83, Collins se convirtió en uno de los embajadores históricos de Gretsch, marca que abandera desde principios de los años 80. ¿Su kit emblemático? Unos toms de un solo parche, también llamados concert toms: sin parche resonante debajo, solo el parche de golpeo.

En la práctica, esto da un ataque más directo, un sonido que «cae» rápido, perfecto para la gated reverb. La configuración solía girar en torno a toms de 8, 10, 12, 15, 16 y 18 pulgadas, un bombo de 20″ y una caja piccolo Noble & Cooley de 14″ x 3,75″ para ese ataque seco y contundente. Un pequeño detalle que lo cambia todo visualmente: Collins toca como zurdo, así que su kit está montado en espejo.

Otro punto que a menudo se olvida: el bombo de la intro no es un kit real, sino una caja de ritmos Roland CR-78. Ese contraste entre el lado mecánico del principio y la explosión orgánica del break contribuye enormemente al efecto sorpresa. Collins dominaba tanto las máquinas como los tambores, y ese matrimonio entre electrónica y acústica ya anunciaba toda la producción pop de los años venideros.

  • Tambores: Gretsch USA, configuración concert toms (un solo parche)
  • Caja: Noble & Cooley piccolo 14″ para el ataque contundente
  • Parches: Remo Ambassador transparentes en el lado de golpeo
  • Baquetas: sus propias baquetas signature, más cortas de lo habitual

Si quieres palpar el ADN de su forma de tocar, lo más accesible siguen siendo sus baquetas. Precisamente ofrecemos las baquetas signature Pro-Mark Phil Collins en hickory, pensadas para los baterías que prefieren un agarre corto y un grip en el extremo del mango. Y para el grano «concert toms», la gama de baterías acústicas Gretsch sigue siendo la puerta de entrada más lógica.

Truco

¿Quieres reproducir el grano «concert tom» sin comprar un kit nuevo? Simplemente quita los parches resonantes de tus toms y afina el parche de golpeo bastante tenso. Pierdes sustain, pero ganas ese ataque con pegada y ese «pew» característico que reacciona de maravilla a un tratamiento gated en la mezcla.

Un sonido que contagió a toda una década

Una vez encontrada la fórmula, se extendió como la pólvora. Prince hizo un uso masivo de ella entre 1982 y 1987, Bruce Springsteen y Kate Bush se sumaron, y la gated reverb se convirtió, según el Rock & Roll Hall of Fame, en una auténtica firma sonora de los años 80. La llegada de la reverb digital AMS RMX16 y su preset «Nonlinear» industrializó después el efecto: a partir de entonces cualquier estudio podía conseguir ese sonido sin tener que jugar con un circuito de talkback.

El propio Collins llevó la idea aún más lejos en otros temas como «Mama» de Genesis. Pero lo más impactante es darse cuenta de hasta qué punto un accidente técnico redefinió la estética de toda una época. Hablamos de un sonido que, todavía hoy, señala al instante «años 80» desde los primeros compases, ya sea en una película, un anuncio o una producción pop moderna que quiere tirar de la carta retro.

Si estás empezando y todo este vocabulario técnico te marea, tranquilo: quédate simplemente con que el sonido de Collins se apoya en tres pilares, la elección de los tambores, la compresión y el gate. El resto es feeling y horas pasadas detrás del kit. Y la buena noticia es que esos tres pilares están hoy al alcance de cualquier home-studista con un poco de paciencia.

El consejo Woodbrass

Antes de lanzarte a la caza del plugin de «gated reverb» de moda, empieza por captar bien tus toms: un instrumento que suena lleno y que proyecta en origen hará que el efecto resulte mucho más convincente. El secreto de Collins es, ante todo, un excelente juego y unos buenos tambores; el tratamiento no es más que la guinda del pastel.

Más que un sonido, una actitud

Lo que hace fascinante la historia de Phil Collins es que recuerda una verdad con la que todo músico acaba topándose: los mejores hallazgos rara vez nacen de un plan perfecto. Un botón pulsado por error, un batería que improvisa sin pensar, un productor lo bastante curioso como para no borrar la toma. De ese caos salió un sonido que marcó a generaciones y que sigue haciendo levantar los brazos cada vez que ese break irrumpe. La próxima vez que te sientes detrás de un kit, no lo olvides: tu mayor firma quizá se esconda en un accidente que aún no te has atrevido a conservar.

Fuentes

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