
- La herramienta imprescindible: un alicate de corte y una manivela (string winder) para no pasarte la noche entera.
- El paso crítico: enrollar bien la cuerda alrededor de la clavija, es lo que garantiza una afinación estable con el tiempo.
- El error que hay que evitar: dar demasiadas vueltas o colocar mal el anclaje (la bolita) en el puente, porque entonces la cuerda se desliza.
- El resultado esperado: un juego de cuerdas nuevas, una afinación que aguanta tras unos cuantos estiramientos, en 10 a 15 minutos.
Hemos visto a muchos principiantes convencidos de que su guitarra estaba perdida, con solo romperse la primera cuerda. Cambiar las cuerdas de una guitarra acústica es precisamente el gesto que tranquiliza en cuanto lo has hecho dos o tres veces: cuatro herramientas, diez minutos de calma, y el instrumento recupera todo su sustain (el tiempo durante el cual una nota sigue sonando). Este tutorial va tanto para el principiante que nunca ha tocado una manivela como para el guitarrista más experimentado que quiere por fin hacerlo bien, sin que le lleve una hora. Repasamos juntos el material necesario, la retirada de las cuerdas viejas, la colocación de las nuevas, la afinación y los errores más frecuentes.
Antes de empezar: material necesario



No hace falta ningún conocimiento técnico especial: si sabes sujetar un alicate, sabes cambiar las cuerdas de una guitarra acústica. Solo necesitas un poco de paciencia la primera vez, mientras coges el truco al enrollado en las clavijas. Prepara una mesa despejada, buena luz y el siguiente material:
- Un juego de cuerdas para guitarra folk adecuado a tu instrumento (más abajo te explicamos cómo elegir el calibre).
- Un alicate de corte (a ser posible de boca fina, para cortar al ras del puente).
- Una manivela, también llamada string winder, que acelera muchísimo el enrollado en las clavijas.
- Un afinador de pinza o electrónico.
- Un paño suave y un producto de mantenimiento para el mástil, para aprovechar el diapasón al descubierto y limpiarlo de paso.
Si solo se te ha roto una cuerda y quieres reemplazarla sin cambiarlas todas, puedes comprar una cuerda de guitarra folk suelta en lugar de un juego completo.
En una guitarra acústica de cuerdas metálicas predominan dos grandes aleaciones: el bronce 80/20 (sonido brillante, con un sustain algo corto) y el bronce fosforado (sonido más cálido, con mejor sostenimiento en el tiempo). El calibre (el grosor de las cuerdas, en centésimas de pulgada) se elige según tu morfología y tu estilo: un calibre light (.011-.012) es más suave bajo los dedos, mientras que un calibre medium (.013) da más proyección pero tensiona más el mástil.
Paso 1: retirar las cuerdas viejas
Primero afloja cada cuerda girando suavemente la clavija correspondiente hasta que quede completamente floja. No hace falta destensarla del todo de golpe: es mejor aflojar las seis cuerdas una a una para no descompensar bruscamente la tensión del mástil.
Una vez aflojada la cuerda, córtala por la mitad con el alicate: es más rápido que desenrollarla entera y evita que golpee accidentalmente la tapa del instrumento. Después retira el anclaje clavado en el puente (la pieza de madera en la tapa donde las cuerdas se fijan por el lado de la caja) empujándolo hacia el interior del agujero, y a continuación extrae la clavija de puente (la pequeña clavija que sujeta el anclaje) si tu guitarra la tiene.
Aprovecha para limpiar el diapasón
El diapasón (la parte de madera del mástil bajo las cuerdas) es difícil de alcanzar una vez colocadas las cuerdas. Es el momento ideal para pasar un paño de microfibra ligeramente húmedo por los trastes y la madera, y aplicar después un producto de mantenimiento adecuado si el diapasón es de palosanto o de ébano. Un diapasón limpio desliza mejor bajo los dedos y envejece mucho mejor.
Paso 2: colocar las cuerdas nuevas
Empieza siempre por la cuerda de Mi grave (la más gruesa). Introduce el anclaje en el agujero del puente, vuelve a colocar la clavija de puente si es necesario presionándola con firmeza mientras tiras ligeramente de la cuerda hacia arriba: el anclaje debe quedar bloqueado contra la clavija, no quedarse atascado más abajo en el agujero.
En el lado del clavijero, pasa el otro extremo de la cuerda por el agujero de la clavija correspondiente. Deja algo de holgura (el equivalente a dos o tres dedos de ancho) antes de cortar el sobrante: es esa longitud la que se enrollará limpiamente alrededor del eje y estabilizará la afinación.
Paso 3: enrollar bien alrededor de la clavija
Este es el paso que realmente marca la diferencia entre una guitarra que se desafina en cada canción y una guitarra estable. Hay tres puntos que respetar:
- Dobla ligeramente la cuerda en el punto donde sale del agujero de la clavija, para crear un ángulo que la bloquee durante el enrollado.
- Enrolla las primeras vueltas por encima de la propia cuerda y las siguientes por debajo: este bloqueo impide que la cuerda se deslice una vez tensada.
- Gira la manivela en el sentido correcto (hacia ti para las clavijas de arriba, al revés para las de abajo, según el modelo) hasta que la cuerda empiece a mantener una nota aproximada.
Repite la operación con las seis cuerdas, en este orden: Mi grave, La, Re, Sol, Si, Mi agudo. Ir de grave a agudo evita descompensar demasiado la tensión del mástil durante el montaje.
Cuando la cuerda esté más o menos afinada, tira de ella con firmeza en toda su longitud (entre la cejuela y el puente), en varios puntos. Vas a oír cómo la afinación cae de golpe: es normal, es el estiramiento. Vuelve a afinar, vuelve a tirar, hasta que la nota ya no se mueva. Sin este paso, tus cuerdas nuevas se desafinarán durante dos o tres días de uso.
Paso 4: cortar el sobrante y afinar con precisión
Una vez colocadas las seis cuerdas y tensadas de forma aproximada, corta el trozo que sobra de cada clavija con el alicate, al ras del enrollado. Dejar puntas que sobresalgan es la mejor manera de pincharte el dedo mientras tocas.
Conecta o coloca tu afinador y ajusta cada cuerda una por una: Mi (E), La (A), Re (D), Sol (G), Si (B), Mi (E). Afina, estira, vuelve a afinar: cuenta dos o tres pasadas completas antes de que la afinación se mantenga de verdad. Lleva más tiempo que apuntar bien a la primera, pero es lo que evita que tu tema se desafine en el segundo estribillo.
Comprobar el resultado
Antes de guardar las herramientas, haz un último control. Toca cada cuerda al aire y luego en el traste doce: las dos notas deben coincidir, salvo la octava. Si aparece una diferencia clara, el problema suele venir de la intonación (el ajuste fino de la longitud vibrante de la cuerda), un punto que conviene revisar en un taller si persiste con un juego nuevo. Comprueba también que ninguna cuerda toque un traste de forma anormal (ruido de buzz) cuando tocas con normalidad, sin forzar el mástil.
Si notas que tu guitarra acústica te resulta dura bajo los dedos desde hace tiempo, no siempre es culpa del calibre: un cambio de cuerdas también es la ocasión perfecta para probar un juego de cuerdas folk un punto más ligero, para ver si mejora la comodidad de juego antes de plantearte un ajuste completo con un lutier.
Solución de problemas: los errores más frecuentes
- La cuerda se desliza y se desafina sin parar: es probable que el enrollado alrededor de la clavija no esté bien bloqueado (revisa el paso 3), o que el anclaje no esté bien encajado contra la clavija de puente.
- Aparece un ruido de buzz en una cuerda: comprueba primero que el calibre montado corresponde a lo que la guitarra puede soportar sin un ajuste adicional. Un calibre muy ligero en una guitarra ajustada para medium puede provocar este defecto.
- Se rompe una cuerda durante el montaje: suele deberse a un exceso de tensión aplicado demasiado rápido, o a una arista afilada en la cejuela o el puente que desgasta la cuerda. Sustitúyela con una cuerda suelta y móntala de forma más progresiva.
- La afinación se mantiene tras el último ajuste pero suena «desafinada» en algunos acordes: piensa en revisar la intonación en el traste doce, en lugar de culpar a las cuerdas nuevas.
¿Cuánto tiempo hay que dejar entre dos cambios de cuerdas?
No existe una regla universal, pero algunas referencias ayudan a orientarse. Un guitarrista que toca a diario hará bien en cambiar sus cuerdas cada seis u ocho semanas: pasado ese tiempo, el sonido se vuelve apagado, con menos armónicos. Un uso más ocasional permite espaciarlo a tres o cuatro meses, salvo que las cuerdas muestren señales visibles de oxidación o desgaste en los trastes más utilizados. En cualquier caso, una cuerda que ha perdido su brillo (su viveza sonora en los agudos) no volverá a la normalidad, por muy bien afinada que esté.
Lo que hay que recordar de aquí en adelante
Ahora ya sabes cambiar las cuerdas de una guitarra acústica de principio a fin: retirada, limpieza, montaje, enrollado bloqueado, afinación y estiramiento. La primera vez lleva un poco más de tiempo, la segunda ya va mucho más rápido. Una vez que domines el gesto, procura repetirlo con regularidad en lugar de esperar a que se rompa una cuerda en plena canción: eso es lo que mantiene tu guitarra agradable de tocar y de escuchar, semana tras semana.

