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Sonny Rollins muere a los 95 años: el jazz pierde a su último coloso

Sonny Rollins, 1974. Crédito de la foto: Jan Persson & CDJ
Lo que debes recordar
  • Sonny Rollins, apodado el «coloso del saxofón», falleció el lunes 25 de mayo de 2026 a los 95 años en su casa de Woodstock (NY).
  • Era la última gran figura aún viva de la edad de oro del jazz, junto a Coltrane, Parker y Hawkins.
  • Su álbum Saxophone Colossus (1956) sigue siendo una de las piedras angulares del hard bop y del jazz moderno.
  • Pionero del trío sin piano, improvisador genial, influyó en siete décadas de saxofonistas.

Hay discos que he escuchado una y otra vez para entender qué significa «frasear». Saxophone Colossus es uno de ellos. Aprender el sax tenor sin pasar por St. Thomas o Blue 7 es un poco como aprender guitarra saltándote a Hendrix. Sonny Rollins era más que un músico: era una brújula sonora, un referente para generaciones de instrumentistas de viento. Repasamos la trayectoria de un gigante que mantuvo la boquilla en los labios durante casi setenta años.

Un prodigio de Harlem convertido en leyenda

Nacido como Walter Theodore Rollins el 7 de septiembre de 1930 en Nueva York, Sonny Rollins creció en el corazón de Harlem, en plena efervescencia cultural. Recién cumplida la mayoría de edad, ya se subía a tocar con los pesos pesados del bebop: Bud Powell, Thelonious Monk, J.J. Johnson. Con 20 años ya grababa junto a Miles Davis. Charlie Parker, su ídolo de juventud, se convirtió en amigo suyo. En resumen, el chaval tenía un oído fuera de lo común y una seguridad desconcertante.

En 1956 puso la piedra angular de su carrera con Saxophone Colossus, grabado en una sola sesión de tres horas con Max Roach a la batería y Tommy Flanagan al piano. El tema de apertura, St. Thomas, un calipso luminoso sacado de sus raíces caribeñas, se convertiría en un estándar absoluto.

Bueno es saberlo

Varias de las composiciones de Rollins se han convertido en estándares del jazz imprescindibles: St. Thomas, Oleo, Doxy o Airegin. Si tocas jazz hoy en día, seguro que tocas algo de Rollins sin saberlo siempre.

El puente de Williamsburg, un retiro mítico

La historia la conocen todos los jazzistas. A finales de los años 50, en la cumbre de su gloria, Rollins desaparece. Rechaza los contratos, guarda los discos. ¿Por qué? Considera que tiene que mejorar. Durante dos años se dedica a trabajar su saxofón sobre el puente de Williamsburg, en Nueva York, para no molestar a nadie de su edificio. Cuando regresa en 1962, lo hace con un álbum que lleva el nombre del puente en cuestión: The Bridge. El gesto se ha convertido en una parábola para generaciones de músicos.

Un improvisador libre como nadie

Lo que distingue a Rollins es su relación con la improvisación. Donde otros construyen sus solos como quien levanta una casa, él toma carreteras secundarias, da rodeos, cita una canción popular en mitad de un chorus. Popularizó el trío de sax, contrabajo y batería, sin piano, para concederse una libertad armónica total.

Su discografía es un océano. Algunas referencias para sumergirse en ella:

  • Saxophone Colossus (1956) — la entrada obligatoria
  • Tenor Madness (1956) — el único álbum donde cruza espadas con John Coltrane
  • Way Out West (1957) — sax, contrabajo, batería: la fórmula del trío perfeccionada
  • Freedom Suite (1958) — primer álbum de hard bop abiertamente comprometido contra la segregación
  • A Night at the Village Vanguard (1957) — el directo de referencia
Pro Tips

Para currarte tu fraseo al estilo Rollins, ponte Blue 7 y escucha cómo desarrolla un solo motivo a lo largo de varios minutos. Es la clase magistral de improvisación temática. Sácalo de oído despacio, vale más que todos los ejercicios de escalas.

Un legado que atraviesa las generaciones

Rollins nunca dejó de experimentar. Funk, R&B, calipso, música clásica con su Concierto para saxofón y orquesta: se negaba a estancarse. Cubierto de honores (National Medal of Arts en 2010 entregada por Barack Obama, Kennedy Center Honor en 2011, Polar Music Prize en 2007), aguantó hasta pasados los 80 años, antes de que unos problemas respiratorios lo alejaran definitivamente de los escenarios en 2014.

Con su desaparición se va el último testigo directo de la revolución del bebop. Se pasa página para siempre.

El eco de un soplo

Sonny Rollins decía de sí mismo que era «a work in progress». Una obra en construcción, hasta el final. Esa es seguramente la mejor lección que les deja a los músicos: no considerarse nunca como uno que ya ha llegado, volver siempre al puente. Descansa en paz, coloso.

Fuentes

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